“Es que me encantan los retos”

Es lo que me ha dicho Jaime, un chico que está en una situación de fracaso escolar, después de estar 15 minutos haciendo un problema de matemáticas… je, je.

Cuando empezó la sesión y me contaba qué tal la semana me dijo que odiaba las matemáticas, no se enteraba de nada y le resultaba muy difícil de aprobar.

Además de sus dificultades de atención y su inmadurez en las funciones ejecutivas (las que permiten que se puedan resolver de forma adecuada las tareas complejas), estaba claro que Jaime había tirado la toalla hacía mucho tiempo con las mates.

Así que nos pusimos a jugar.

Primero hicimos una casa de madera, un reto de destreza a la hora de colocar las piezas pero sobre todo de planificación, organización y control ejecutivo sobre cómo va haciendo cada paso, cada secuencia del plan.

Necesitó que le modelara al principio para “ver” que era importante ordenar la piezas y pensar sobre cómo iba a hacerlo. Al final lo terminó y, todo orgulloso, me pidió que le hiciera una foto con la casa para enseñársela a sus padres.

“Y ahora- le dije -te voy a poner un desafío difícil a ver si eres capaz de resolverlo: Tienes que decirme cuántas patas de silla hay en todo tu colegio“.

Se quedó parado y me dijo que era imposible.

“No, inténtalo. Te dejo papel y lápiz por si quieres apuntar o dibujar algo”

Y, poco a poco se puso a hacerlo: Pensó en cuantas patas había en su clase (fue escribiendo uno a uno los compañeros) y vio que había 27, entonces multiplicó por 4.

“Muy bien, pero ¿en todo el colegio?”

Lo pensó un rato más y … “Ya sé” y se puso a dibujar las clases para ver cuántas había, primero infantil y primaria, luego la ESO y bachillerato.

Después empezó con los comedores, la secretaría, la biblioteca. Hasta pensó en los cuartos de baño (“No, los retretes no tienen patas”). Yo me partía y estaba encantado viéndole implicado en resolverlo, haciendo operaciones y usando las mates para conseguir lograr su objetivo.

Al final, con una sonrisa de triunfo me dijo que  en su colegio había unas 7.860 patas de silla. Y está muy bien. En éste, como en otros problemas de Fermi, lo importante no es el resultado exacto sino el proceso de estimación y elaboración que se haga.

Jaime estuvo un buen rato haciendo un problema de matemáticas y motivado. Lo hizo porque era un reto para él y no estaba en el formato de un problema como los que está acostumbrado, también porque era algo realista que podía imaginar y abordar.

Se fue dejándome una reflexión:

“Ojalá en el cole hiciéramos esto”.

¿Tomamos nota?