Empieza el frío, se acerca la Navidad.

Estamos en casa, juntos toda la familia, así que aprovechamos ese momento que no ocurre muy a menudo para…

¿jugar?

Bueno, sí pero no era eso lo que quería decir. Aprovechamos para disfrutar conscientemente de estar juntos, para atesorar el momento. Nos pasamos la vida ganando tiempo y espacio para tener momentos vividos que ya están a nuestro alcance.

Así que vemos qué podemos hacer. Tenemos claro que tenemos que estar todos presentes, no compartiendo el espacio en paralelo, y que tiene que ser divertido.

¿A qué jugamos? Una rápida mirada, una lluvia de ideas. Es un poco difícil el encontrar algo para que juguemos todos. Espera, creo que por aquí estaba el Monza.

Lo llevo a la mesa, nos sentamos todos y empieza el teatro (hay que adornar las cosas, hacerlas especiales)

Hoy vamos a jugar a un juego que me encanta. ¡Vamos a hacer una carrera de coches!.

Ponemos el tablero, cada uno elige su color favorito.

¿Quién empieza?. Vale, el primero que de se levante y de una vuelta completa.

Y empieza el tirar de dados, las exclamaciones (ufff, qué suerte, ¡je, je, te has quedado dormido!, te voyyy a coger!!, buena tirada). Me encanta que el juego sea tan sencillo, enseguida lo entienden, pero sin dejar de ser emocionante.

Salgo un momento fuera del juego y veo a mis peques disfrutando, los ojos brillantes, a gusto, se lo están pasando bien. Aunque no vaya ganando en esta partida, se que he acertado en el juego…

Papá, te toca a ti.

Y sigo jugando un rato más…